4.20.2009

Diario de Coachella 2009: Viernes 17 de Abril.


Después de que nos deslizáramos por el freeway a más de ochenta y cinco millas por hora y sin haber tenido el contratiempo de un policía, por fin llegamos a nuestro destino... tarde, cómo siempre. Las colas nunca las había visto tan largas en mi trayectoria coachellista, pero tampoco nunca había llegado tan tarde, con la excepción de aquél día que me perdí de ver a Gillian Welch.

Esta vez, los sacrificados por el tiempo fueron El Gran Silencio y Gui Boratto y el primer acto del viernes fue Molotov.

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Los chamacos estuvieron dos-tres, pero se dedicaron a tocar puro rap y a finalizar con la frijolera. De verdad pudieron haber quedado mejor, ¿tal vez les hizo daño el sol? Yo pienso que fue la cruda.

Después de la actuación de Molotov, me puse un poco triste acordándome de aquella vez que los vi en el Multiculti de Tijuana, y me fui a echar debajo de la sombra a fumar y a platicar con los demás asoleados. Entonces empezé a darme cuenta de que había una enorme multitud de raza del otro lado de la barda... platiqué con ellos y entre humos les conté de Efímera. Después llegó el tiempo de mi primera decisión: ¿Buraka Som Sistema o The Black Keys? Me eché un volado y ganó Buraka. Sin embargo, a Buraka le falló el sistema y la desesperación me ganó y me largué a ver a The Black Keys.

El grupo de rock-blues tuvo una buena actuación, pero les faltó volumen. Por alguna razón u otra, el volumen del escenario principal siempre estuvo un poco bajo durante las sesiones del día. Sepa que chingados intentaban hacer con eso, pero no me gustó. Al terminar el set, me dirigí en dirección de Buraka, y alcanzé a escuchar la última canción, la cuál no estuvo nada mal. Después me contarón que cuando tocaron, lo hicieron bien. Ya que.

Al concluir la rola, me fui a ver a Crystal Castles, otra vez haciéndole el fuchi a Franz Ferdinand, como por tercera vez en Coachella. Espero el grupo no se desintegre antes de que me anime a verlos. Y, por tercera vez, fue una decisión de las mejores, pues Crystal Castles estuvo genial. Ver a Crystal Castles en vivo es jugar con la energía a través de gritos y brincos. La vocalista, Alice Glass, fue todo un chango feroz por el escenario portando una seductora sonrisa cubriendo sus dientes afiliados.

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La gran tragedia del evento fue tener que dejar de lado a Ghostland Observatory. Sin embargo, el premio fue poder ver a Leonard Cohen.

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¿Qué les puedo decir que no se puedan imaginar? Cantó todas las clásicas: "The Future", "First, We Take Manhattan", "Ain´t No Cure For Love", "Everybody Knows", "I´m Your Man", "Dance Me To The End Of Love", "Who By Fire", y "Hallelujah". No cantó ni "Suzanne" ni "Famous Blue Raincoat" las cuales me hubieran puesto ya por sobre todas las experiencias. Pero no me malinterpreten, el señor no quedó a deber, fue un super espectáculo; verlo bailar y gozarse como si todavía fuera un guapetón de veinte años fue increíble. Lo único malo fue darme cuenta de que yo formaba parte de la audiencia que en proporción media hubiera sido la más vieja de todas. Pero me quedo con mi experiencia, con ese "Bird on the Wire" que me hizo sentir unas ligeras lágrimas en la mejilla izquierda y luego en la derecha.

Fue la primera vez que me ocurre esto. Sin más palabras.

Después de tan gran evento, el ánimo me guió lejos de donde se encontraba Morrissey y más cerca a un júbilo de baile. Le tocó a Girl Talk. El dj hizo lo que pudo. Pero la emoción que traía no me dejó disfrutar del set al son del cual bailaron un gentenal de morritos de veinte años. Fue un contraste un poco chocante y de mal gusto, pero bailé para sacarme las penas.

Me quedé en la Tienda Sahara para alcanzar el set de The Presets. Escuché tres canciones y me di cuenta de que un sintetizador y un baterista no muy bueno no era suficiente. Los Presets podrán sonar muy oscuros en la radio, pero en vivo, son muy pop para mis gustos.

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Entonces me fui a ver a A Place To Bury Strangers. Y eso, precisamente, era lo que necesitaba.

No había gente, la mayoría estaba seguramente viendo al ex-Beatle, Paul McCartney, o de plano se quedaron con los Presets. La gran distorción exterminadora de todo tímpano, un escenario levemente alumbrado, sin miradas, y el gran pesar de que el final del primer día se venía: oscuridad profunda, violencia de guitarra eléctrica.

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En el mismo escenario, Gobi, la Tienda más pequeña, concluyó la noche con el grupo Uruguayo-Argentino, Bajofondo. Una mezcla mega-super-ultra-rara de hip-hop, tango y techno. El grupo, sin embargo, aunque también mega-super-ultra-raro, se dedicó a levantar el ánimo, con un violín y un acordeón eléctricos. Hubo baile. Pero me quedé con la duda, ¿qué tan ancho es el borde de lo cursi?

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Al final, me dirigía hacia la entrada, para alcanzar a mis amigos antes de emprender el camino alumbrado a 10,000 megawatts de vuelta al carro. Sin embargo, como me lo imaginaba, Paul a todavía no acababa de presentarse en el escenario principal. Alcanzé unas cinco canciones, entre ellas: "Helter Skelter" y "Yesterday".

Así concluyó lo que fue el inicio de un evento memorable.

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